Cómo cuidar tu identidad digital

“Dedicar esfuerzo a construir tu propia identidad digital ya no es opcional. Es un acto de pura responsabilidad”. Julio Alonso , profesor en el Instituto Superior para el desarrollo de Internet (ISDI) y fundador y Director General de Weblogs, S.L.

En la “Guía para usuarios: identidad digital y reputación online” del Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación (INTECO), se define la identidad digital como:

Conjunto de la información sobre un individuo o una organización expuesta en Internet (datos personales, imágenes, registros, noticias, comentarios, etc.) que conforma una descripción de dicha persona en el plano digital”

En este sentido podemos hablar de “identidad expandida” ya que las TICs y en especial Internet, ha creado un nuevo escenario en el que las relaciones personales cobran protagonismo. Los servicios de Internet y Web 2.0 (redes sociales, blogs, foros, wikis, microblogging, etc.) constituyen canales multidireccionales y abiertos, que permiten a sus usuarios lograr la máxima interacción entre ellos, a lal vez que ofrecen nuevas posibilidades de colaboración, expresión y participación. En este contexto, indudablemente, el ciudadano se muestra con una serie de atributos que definen su personalidad online.

 

Durante cierto tiempo no nos preocupó mucho esto y no pensábamos en el impacto que tiene en la construcción de la identidad y la reputación digital. Nos centrábamos en lo que decíamos que era “el mundo real” y que estaba conformado por nuestros amigos, nuestro trabajo, nuestros contactos profesionales, nuestra vida familiar…, todo estaba en un mundo físico. Con el tiempo Internet ha llegado a formar parte importante de todas esas facetas que circunscribíamos a “la vida real” y casi sin darnos cuenta, pasamos cada vez más tiempo en Internet porque trabajamos online, nos relacionamos con amigos y familia online, adquirimos bienes y servicios en Internet, nos informamos por los medios online, etc. Por tanto, ya no podemos decir que sea marginal aquello que “decimos” en Internet o incluso, aquellos que dejamos de hacer o decir.

Para comenzar a cuidar nuestra identidad digital es fundamental que:

  • Al crearnos un perfil en una red social o cualquier otra herramienta de la Web2.0, debemos dedicarle un rato a conocer los “ajustes” (configuración).

Normalmente, al acceder a este tipo de servicios nos creamos la cuenta, seleccionamos el nick, y como mucho, nos detenernos en la foto, cuando los ajustes son los que comienzan a moldear nuestra identidad en esa red. Tenemos que pensar qué vamos a poner en nuestra “biografía”,la foto de perfil (avatar), si queremos que aparezca el lugar en el que estamos, si queremos que se nos geolocalice cada vez que actualicemos la red social y aunque no es primordial, tampoco se nos puede olvidar detenernos a seleccionar las imágenes que van a aparecer en nuestros perfiles o acompañando nuestro avatar.

  • En Internet estamos todos, es decir, si realizamos una búsqueda de nuestro nombre y apellidos en Google encontraremos información sobre nosotros, por lo que es importante que pensemos en aquello que compartimos en la Red de la misma manera que pensamos lo que decimos en nuestra vida offline.

Hay que tener en cuenta que cualquier contenido privado que compartamos va a ser visto por más personas de las que pueden hacerlo en nuestro entorno habitual y que ese contenido puede ser mal utilizado.

Tenemos que tener claro que la identidad digital es un puzle conformado por identidades parciales, es decir, piezas de información personal (nombre y apellidos, fotografías, vídeos, información laboral, aficiones,...) que se traducen en rasgos de nuestra identidad y que se suelen encontrar agrupados o relacionados entre ellos.


Fuente: Baquia

Cada identidad parcial está sustentada en un servicio o aplicación de Internet. Así, por ejemplo, un usuario podría mantener sus perfiles en Facebook, Twitter y Linkedin, participa con los mismos alias en distintos foros de profesionales, gestiona un blog personal y ocasionalmente aparece en prensa y webs especializadas, relacionadas con su ámbito profesional.

Todo ello conforma la identidad digital del sujeto, pero cada uno de los servicios mencionados sustenta una identidad parcial, que puede aparecer relacionada (o no) con el resto. Por ello, más allá de cómo gestionemos cada una de las herramientas, tenemos que darle importancia a la honestidad.

La honestidad va a ser la condición para mantener la credibilidad y el prestigio de toda persona que pretenda construir relaciones en el ecosistema 2.0. Además, de la honestidad debemos participar en diferentes comunidades y tendremos la oportunidad de crear las nuestras, y teniendo en cuenta que los medios sociales son, simplemente, nuevos espacios de diálogos creados y controlados por personas a las que les gusta ser tratadas como tales, por tanto, es importante:

  • Respetar: Para interactuar en medios sociales resulta fundamental el respeto por las personas a las que nos dirigimos. Los contenidos que transmitamos y el tono y la forma en que lo hagamos tendrá una enorme influencia en la respuesta por parte de aquellas personas a las que llegue nuestro mensaje.
  • Ser sincero: hay que ser sincero desde el principio y no sólo hablar sobre lo que hacemos nosotros, sino comentar temas de interés general para la comunidad, lo que aumenta el grado de empatía.
  • Ser humilde: siempre hay personas que saben más que nosotros. Es importante conocer nuestras limitaciones y estar dispuestos a aprender de los otros.
  • Ser generoso: comparte tu conocimiento, ayuda, intenta ser de utilidad al prójimo, invierte tu tiempo sin esperar nada a cambio.
  • Reciprocidad: recuerda que es importante ser justos y responder a un elogio o a un favor. No te apropies del trabajo de otros, dale la visibilidad que merece y agradécelo.

 

Más allá de contribuir a mejorar nuestra identidad tenemos que tener cuidado con una serie de riesgos como la suplantación de la identidad digital, es decir, alguien malintencionado que se apropia indebidamente de la identidad digital de otra persona y actúa en su nombre.

En el caso que nos ocurra esto, la Oficina de Seguridad del Internauta (OSI) nos da una serie de recomendaciones según el lugar donde detectemos que nos ocurre esto:

Este tipo de riesgos que hemos enumerado, no sólo pueden influir en nuestra identidad digital, sino que también puede dañar nuestra reputación online.

La reputación online es la opinión o consideración social que otros usuarios tienen de la vivencia online de una persona o de una organización. Por tanto, la identidad es lo que yo soy, o pretendo ser, o creo que soy. La reputación, mientras, es la opinión que otros tienen de nosotros.

Según la Guía de INTECO, hay tres factores determinantes en la caracterización de la reputación online:

1) Las acciones emprendidas por el propio sujeto, es decir, el modo en el que una persona se muestra, trasladando a entornos 2.0 aspectos pertenecientes a su vivencia particular, alimenta y enriquece su biografía, y es un elemento importante que determina cómo le ven los demás.

Aquí podemos introducir el concepto de 'extimidad' o 'hacer externa la intimidad'. Este concepto hace alusión a aquéllos que, de modo habitual, trasladan al contexto de la red social el conjunto de acontecimientos vitales que les incumben, redactando así una autobiografía en tiempo real.

2) Información generada por otros y accesible a través de servicios disponibles en Internet, como buscadores o servicios de publicidad altamente personalizada.

Se trata de contenidos generados por terceros sobre nosotros y que por su relevancia pública, pueden trascender. Puede ocurrir que el resultado ofrecido por el buscador sitúe en mejor posición una determinada información perjudicial sin ofrecer, por ejemplo, ningún registro complementario que aclare aquélla.

3) Las acciones emprendidas en el ámbito relacional del sujeto. Del mismo modo que en el mundo físico las buenas o malas relaciones personales afectan a la reputación personal, en el mundo online un comentario o actitud inadecuada definen la imagen que se muestra a los demás. Pero además, permanecen en el tiempo y pueden difundirse sin límites. Por tanto, observamos que la reputación digital se crea de forma distribuida, asíncrona, dinámica y permanente.

La identidad digital y la reputación digital son dos conceptos estrechamente ligados a los usuarios de Internet, ya que todos nos podemos convertir en productores dinámicos de información a nivel mundial, y por tanto, la opinión y el sentimiento de nuestros seguidores y de nuestras comunidades adquieren especial relevancia en el nuevo y cambiante entorno de la Web Social.

¿Cuidas tu identidad digital? ¿Crees que somos conscientes de los riesgos que conlleva no gestionar nuestra identidad digital y nuestra reputación online?