Hoy en Red Salud Andalucía, Ignacio Basagoiti (y II)

Continuamos hoy con la segunda parte de la extensa e interesante colaboración de Ignacio Basagoiti en Red Salud Andalucía. Si te perdiste la primera, te recomendamos su lectura ya que ha sido uno de los artículos más leídos hasta la fecha en esta web. No queremos dejar pasar la oportuidad de dar las gracias a Ignacio por sus interesantes reflexiones y de invitarte a participar en el blog compartiendo tu experiencia, proyectos o ideas acerca de la aplicación de la Web 2.0 en entornos sanitarios.

RSA: Teniendo en cuenta las características de nuestro sistema sanitario, desarrollo normativo español, etc.… ¿Qué debería contener una guía de estilo para profesionales sanitarios?

IB: Pues yo empezaría por no llamarle guía de estilo sino, más bien, guía de buenas prácticas. Esta guía lo que debe intentar es, como decía antes, dejar claras las reglas del juego en una determinada organización. Es decir, delimitar al profesional lo que puede y también lo que no puede hacer en Internet cuando hable como miembro de una organización. En esta guía se debería recoger cuales son los límites de la transparencia en la organización, que actividades pueden realizarse y cuáles no y, sobre todo, cual es el protocolo a seguir ante la aparición de un conflicto. Este aspecto es muy importante ya que la aparición de una crisis de reputación, por ejemplo, puede afectar a toda la organización y debe ser abordada de manera temprana para que no crezca. En este sentido es fundamental que exista un equipo especializado en el manejo de conflictos que pueda intervenir precozmente ante la demanda del profesional.

Hay otras cuestiones como las limitaciones éticas y profesionales, la preservación de la confidencialidad, el cómo realizar actividades con seguridad, etc. Estos temas realmente trascienden a lo que es la institución, estando en el ámbito de las organizaciones profesionales. No obstante, todavía en muchos casos se carece de estas guías, por lo que también puede ser interesante recoger o adherirse a alguna de las nomas existentes.

RSA: ¿Qué elementos debería incluir una estrategia adecuada de difusión de las herramientas web 2.0 entre los profesionales de la Salud?

IB: Los que trabajamos en el campo de la eSalud damos por supuesto que la normalidad está en el empleo de Internet con soltura. Esto no es cierto en muchos casos. Es necesaria una labor –casi personalizada- de mostrar las potencialidades y los beneficios del uso de las redes sociales en el plano profesional. Creo que se debería empezar muy poquito a poco. Por ejemplo, talleres sobre que beneficios puede aportarme Twitter, como abrirme una cuenta, cómo dar los primeros pasos. . . Y, sobre todo, y como debería ser al implantar cualquier tecnología, convencer en vez de imponer. En esta estrategia resulta clave identificar en la organización a los “key influencers”. Estos usuarios más avanzados tienen muchísimo valor para la organización, pero generalmente pasan desapercibidos. Y están ahí, son los compañeros que nos ayudan cuando se bloquea el ordenador o no funciona la impresora. Si la organización es capaz de reconocerlos y apoyarlos, tendremos muchos agentes de cambio que harán posible que estas herramientas se vayan utilizando.

Por último, otro elemento clave es el reconocimiento de las actividades profesionales en la red. El esfuerzo debe tener un reconocimiento. Es muy negativo dar la impresión de que todo esto va a resultar un trabajo añadido. Si liberamos tiempo para que el profesional pueda utilizar estas herramientas y, además, le demostramos que van a ser beneficiosas para su actividad profesional, tendremos mucho ganado.

RSA: ¿Qué aplicaciones futuras aún no implementadas, contempláis –en el marco de la web social- como clave en el futuro de la asistencia sanitaria?

IB: Mas allá de las herramientas, el que un profesional pueda hacer promoción de la salud y prevención de la enfermedad, que pueda educar y reforzar conductas saludables a sus propios pacientes es algo que acabará imponiéndose. El reto, como decía antes, es integrar estas actividades en los circuitos asistenciales. Dotarlas de “normalidad” y asociarlas al resto de cosas que hacemos habitualmente en las consultas para que exista una sinergia de potenciación.

Todavía estamos aprendiendo a usar las herramientas y a comunicarnos de manera global. La implicación del paciente en su propio proceso de salud y enfermedad hará, en los próximos años, que las actividades de seguimiento de las enfermedades –especialmente las crónicas- sean mucho más fluidas y puedan hacerse en red, sin que esto suponga entornos de menor privacidad y confidencialidad.

Las asociaciones de pacientes verán reforzada su presencia –liberadas de las limitaciones geográficas- y serán capaces de ofrecer información, servicios y soporte a los ciudadanos. Dichas organizaciones serán también un interlocutor para profesionales y organizaciones, al que habrá que atender para realizar las actividades comunitarias. De comunidades geográficas podremos pasar a comunidades de pacientes. Esta estratificación permitirá focalizar los esfuerzos y llegar mejor con menos recursos.

Y todo esto donde el uso de las herramientas sociales impregnará a todos los grupos demográficos de la mano de un uso masivo de Internet a través del televisor. Este será el verdadero salto para el que organizaciones y profesionales deben estar preparados.

RSA: ¿Cómo debería ser, a vuestro juicio, la validación de apps sanitarias en España? ¿Quién debería hacerlo?

IB: Las app son pequeños programas que nos ofrecen información o servicios. Algunas app convierten nuestro smartphone en un gadget, que nos permite medir alguna cosa. En el caso de las app sanitarias, que están siendo uno de los tipos de aplicaciones más descargadas, si medimos algún parámetro biológico o antropométrico, su validación clínica debería realizarse de la misma manera que cualquier otro dispositivo médico, demostrando su fiabilidad, margen de error, seguridad, etc.

En Estados Unidos, es la FDA quien ha comenzado a trabajar en este campo dada la ausencia de un marco normativo concreto. Esta misma situación se vive en Europa. Parece necesario que se establezcan unas pautas que nos permitan distinguir las aplicaciones clínicamente útiles de las que no lo son. Las AETS podrían tener mucho que decir en este cambo, al menos hasta que se aclaren las cosas en el marco de la Unión Europea.

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